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137.000 desaparecidos y una pregunta que sigue sin respuesta

137.000 desaparecidos y una pregunta que sigue sin respuesta

En el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, la cifra revela una de las heridas más profundas del conflicto armado colombiano. Detrás de cada desaparecido hay una familia que sigue esperando respuestas, una historia que no termina y un país que todavía tiene una deuda con la verdad.

Hay ausencias que el tiempo no consigue convertir en pasado.

Una silla que permanece vacía, una fotografía que continúa en la pared, un nombre que se repite una y otra vez en los registros de búsqueda y una familia que, después de años, décadas incluso, sigue preguntándose dónde está su ser querido.

Este 30 de agosto, cuando el mundo conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, las Naciones Unidas vuelven a poner en el centro a quienes han sido víctimas de esta grave violación de los derechos humanos y a sus familias. En 2026, la fecha tiene además un significado especial, porque se cumplen 20 años de la adopción de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas. El llamado de Naciones Unidas es claro: “Las víctimas primero. Acciones ya”.

Veinte años después de aquella Convención, las desapariciones forzadas continúan ocurriendo en distintas regiones del mundo. Naciones Unidas advierte que esta práctica no solo afecta a quien desaparece. La incertidumbre sobre su paradero genera una profunda angustia en sus familiares y extiende sus efectos a las comunidades y a la sociedad.

Colombia, frente a una cifra que no puede ser ignorada

En Colombia, la dimensión del problema adquiere una magnitud estremecedora.

La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, UBPD, registra un universo de 137.000 personas desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto armado, una cifra que representa décadas de dolor y búsqueda. El registro corresponde a personas cuyo paradero aún es desconocido por sus seres queridos o que estuvieron desaparecidas en algún momento.

No se trata solamente de una cifra.

Son 137.000 historias, 137.000 nombres y miles de familias que han tenido que aprender a vivir con una pregunta que permanece abierta.

La propia UBPD recordó este 30 de agosto que el 48,5 % de las personas desaparecidas registradas fueron víctimas de este flagelo durante la década de 2000, con 2001, 2002 y 2003 entre los años de mayor impacto. Antioquia, Meta y Valle del Cauca aparecen como los departamentos con los registros más altos.

Y mientras la búsqueda continúa, también están quienes buscan.

La UBPD registra 54.076 personas buscadoras según sus solicitudes de búsqueda. Muchas de ellas son familiares que han dedicado años a encontrar una respuesta.

La búsqueda tampoco puede esperar

La Defensoría del Pueblo advierte que la desaparición forzada continúa golpeando al país.

Entre enero y agosto de 2026, el Sistema de Información Interinstitucional de Justicia Transicional, SIIJT, acumula 2.145 casos de atención relacionados con desaparición forzada, una cifra que se acerca al total registrado durante todo 2025, cuando se contabilizaron 3.205 casos.

La Defensoría también informó que durante el primer semestre de 2026 recibió 244 declaraciones relacionadas con hechos de desaparición forzada ocurridos en el marco del conflicto armado. A través de su Sistema de Alertas Tempranas ha identificado escenarios de riesgo vinculados, entre otros factores, con disputas por economías ilícitas, reclutamiento de niños, niñas y adolescentes, trata de personas y rutas migratorias, con especial preocupación en zonas como el Darién, Norte de Santander y San Andrés.

La problemática también ha afectado a líderes y lideresas sociales, personas defensoras de derechos humanos, periodistas, personas con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas y firmantes del Acuerdo Final en proceso de reincorporación.

Una herida que también tiene rostro de mujer

La dimensión de la desaparición forzada también se refleja en quienes asumen la búsqueda.

Durante 2025, la Defensoría del Pueblo orientó y asesoró a 2.183 personas con género identificado. El 65,9 % eran mujeres. Entre enero y agosto de 2026, la proporción aumentó al 68,9 %.

Son mujeres que, en muchos casos, han convertido la búsqueda en una misión de vida.

Madres, esposas, hijas, hermanas y familiares que recorren instituciones, aportan información, entregan muestras, reconstruyen historias y siguen cada pista con la esperanza de encontrar aquello que la violencia les arrebató.

La desaparición forzada no termina el día en que alguien deja de aparecer.

Continúa en cada cumpleaños sin respuesta, en cada aniversario, en cada documento que vuelve a abrir la herida y en cada familia que se niega a aceptar que el silencio sea la última palabra.

El derecho a saber

Para Naciones Unidas, la desaparición forzada vulnera múltiples derechos fundamentales, entre ellos la libertad y seguridad personal, el reconocimiento de la personalidad jurídica, la integridad, la vida cuando la persona desaparecida ha sido asesinada y, de manera especialmente dolorosa para las familias, el derecho a conocer la verdad sobre las circunstancias de la desaparición.

Por eso la búsqueda no puede reducirse a encontrar restos humanos.

Buscar también significa reconstruir la historia, establecer qué ocurrió, identificar responsabilidades y garantizar a las familias el derecho a saber.

La verdad no devuelve los años perdidos. Tampoco elimina el dolor. Pero permite cerrar una parte de la incertidumbre que durante años ha mantenido a miles de familias atrapadas entre la esperanza y el duelo.

Que nadie quede convertido en una cifra

Este 30 de agosto no debería ser solamente una fecha para recordar a quienes desaparecieron.

Debe ser también una oportunidad para mirar de frente una realidad que Colombia todavía no ha logrado resolver.

137.000 personas desaparecidas no son una estadística. Son 137.000 ausencias que todavía interpelan al Estado, a las instituciones y a toda la sociedad.

Cada búsqueda pendiente representa una historia que merece ser esclarecida. Cada familia que continúa buscando merece respuestas. Cada persona desaparecida merece que su nombre no sea borrado por el paso del tiempo.

Porque mientras una familia siga preguntando dónde está su ser querido, la historia no puede darse por terminada.

En Colombia, encontrar a los desaparecidos no es solamente una tarea humanitaria. Es una obligación con la verdad, con la justicia, con la memoria y con la dignidad humana. Y frente a 137.000 ausencias, el silencio nunca puede ser la respuesta.

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